¡Alto! Esto es una lefada

7:00. Suena el despertador, anacrónico; el ruido que llega desde la calle da el pistoletazo de salida a un nuevo día y yo todavía no me he acostado. Soy insomne y me he pasado toda la noche en pie, deambulando en busca de algo más. Ahora amanece y debo ir al mismo trabajo de mierda de ayer y mañana, ese en el que tengo la sensación de que no vendo aspiradoras ni una compañía de teléfonos sino mis sueños y esperanzas, quizá por eso no consigo dormir. Y sí, así es: trabajo como vendedor. Yo soy el pesado ese que llama a tu puerta y te interrumpe justo cuando hacías eso tan importante que tenías que hacer. ¿El enchaquetado que habla y habla sin parar y al que estás deseando pegarle un portazo en las narices? El mismo. Me veo en el ascensor, frente al espejo, ensayando cada frase y cada gesto, ajustándome la corbata y examinado cada detalle, asegurándome de estar bien peinado y arreglado, que no se note que yo también cago. Comprobando que no tenga nada entre los dientes, haberme echado perfume en las manos para ocultar el olor a pajas. Ahí estoy yo, retrasando el momento de dirigirme a cualquier puerta -tras haber mirado tu nombre en el buzón, para que parezca un trato más personal-; caminando finalmente, acercando el dedo a tu timbre, escuchando el cloqueo que produce el pulsarlo y pensando si esta será otra de esas veces que oigo pasos, el sonido de la mirilla y pasos otra vez. Con ganas de decir "yo no quise, me obligaron"; asqueado de este puto trabajo que no me da ni para el alquiler, y todo para que finalmente me abras la puerta -si es que lo haces- y, asfixiado, pidiendo un vaso de agua con la mirada, intentar encasquetarte alguna porquería que ni a ti ni a mí nos interesa, así que, ¿por qué no hablamos de otra cosa?

Stop.

Marcha atrás, no vaya ser que ocurra algo de lo que arrepentirnos.

Esto no es tanto un libro como un collage, así que vayamos a otra página; saltémonos esa parte del trabajo en la que repito la misma operación una y otra vez, siempre con el mismo resultado: la sensación de que la vida no puede ser esto, sólo esto, me niego, así que vayamos a otra imagen donde escape del mundo por un momento.

Pause.


Primer plano de mi cara desencajada, corriéndome encima de algo. Unas tetas, el suelo o un papel. Voz en off:

Este soy yo.

Me drogo mucho y me gusta tirar el semen por la ventana. Eso son estas páginas que tienes entre las manos, un pañuelo lleno de lefa directo a la cara.

Huélelo bien, es auténtico.