El hermafrodita místico

Hombre o mujer, cruel o dulce, por qué no ambas cosas. O más bien, el y entre un contrario y el otro, la ambigüedad. Ser hermafrodita místico significa mirarse en un espejo roto y buscar, en un rostro irreconocible como tuyo propio; buscar clavándote los dedos en los ojos, sacando de tus tripas las entrañas a ver si aparece el pegamento. Ni que sea flujo vaginal, semen o sangre.  O un no, que las banderas sólo son bellas cuando arden eternamente. Es el triunfo más heroico al que aspira una tristeza, ¡el descontento supremo! Como ganar todo, pero del revés. Perder el norte, perder la dignidad ante esa pareja que te maltrata de camino al Cielo, amante cargado de celos cuyas incisiones sólo responden a un cariño retorcido. El apego es un sentimiento que va menos de la mano de la ternura, se acerca más al masoquismo. Si no, que le pregunten a los adictos. ¿Te definirías como adicto? ¿Sí? ¿No? ¿De veras? Venga, cuéntame de qué. Y no me digas que estás enamorado/a de tu propio reflejo en el espejo, igual que una Venus demente, sin problemas de soledad ni compañía. Ni gorda ni anoréxica, de frente ante su propia perfección, de pie, sin poder alcanzar nunca su propia ideación. Su religión, un Jesucristo con tetas que se ríe mientras arde como una bruja o un niño macabro, maldiciéndote en lugar de pedir perdón para, así, fundar una religión o un amor como quien planea un asesinato. Satanás, pagando con gusto el Infierno a cambio de brillar. Famoso por ser objeto de espanto.





Vete a pishar

Doriana
una italianita rubia
guapa de lejos
y piel seca y escamada si te acercas
pero igual de guapa
aunque huela mal
siempre flaca
cada vez más
nunca ha probado el salmón ahumado pero
sí muchas drogas
capaces de hacer llorar a un hombre
no sé cómo mantiene tan tersa y alegre
esa sonrisa suya
que parece contagiosa
del vih

ronda por las hamburgueserías
mira en escalones y papeleras
en busca de una lata de cerveza
no tan vacía
los desperdicios de un menú
a 2'50
música a sus ojos vidriosos
música de caja rota
de pizza fría
mutilada por bocas que harían una mueca al escucharla
eructar


Doriana, ¿nunca te sientes sola?

siempre, a todas horas


a veces me la encuentro
en el súper
en la puerta, pidiendo
y riendo
con alguna amiga
¿tienes algo para mí?
la gente se cree que es pa' droga y
es verdad
al 15-M sólo se acercó cuando daban
cerveza
gratis

nos damos un abrazo
compro una botella de
vodka, que al rato
vacía
estrella por ahí
perdida

vive en una okupa
con las paredes despellejadas
que dejan ver el naranja
de los ladrillos
como una costra
las moscas revolotean
y hay boquetes
en las peores habitaciones
viven allí trece
sin contar los perros
y algunos cachorros
a los que dan el biberón
Doriana me dice
con su español mal hablao
no mires por los agujeros
sería
mal educado


Doriana, ¿cómo acabaste aquí?

vete a pishar, bromea
sin responder
¿bailamos?
vayamos lejos
por favor
¿qué edad tenías?
catorce años
Doriana
mi madre
no me quería
por las noches no me abría
me dejaba fuera
no me daba de comer

y ahora, Doriana
guarda en su habitación
una colección de peluches
y sus mascotas son
un gato
y una rata

Doriana, por las noches
recoge a Paco
el viejo que rasga acordes
en su guitarra
ese que toca fatal
el de la barba sucia donde anida
la falta de amor
ya sabes
al que la gente
aquel, aquel otro y tú
hijodeputa, tú mismo
miráis de reojo
y pensáis
no

Doriana le dice
ven a casa
lo invita a pan con huevos fritos
y le insiste en que vuelva mañana
es invierno
hace frío ahí fuera
te vas a enfermar
lo deja dormir en el salón
junto al baño
la puerta siempre cerrada
tienen la luz pinchada, hasta internet
pero no agua
y el váter huele
a la la mierda de
toda
la
ciudad


Doriana,
cuéntame algo de ti que
no creas
pueda comprender

vivo en una okupa
y a veces
me meto jaco


la noche en que conocí a Doriana la quise besar
la acompañé con un chaval a
una esquina
el chico de los malabares en la calle que
de repente, parecía tener
diez años más
él se fue
Doriana me invitó a su casa
yo no tenía dónde dormir
me abrió la puerta de su habitación
que cerraba con candado
vi la aguja en la mesita de noche
y pocos años después
cuando me la encuentro por ahí
sus dientes son
más negros
y la piel
más chupada
y su abrazo
se siente
más suave


¿A qué te dedicas?
Me preguntó.
Escribo.
¿El qué?
Lo próxima que escriba, Doriana, será de ti. ¿Cómo quieres que lo llame?
¿De mí? ¿Por qué?
Sólo tú, no hay nadie más en el mundo como tú. Así que veamos lo que tú ves.

Llámalo vete
a
pishar.